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Recorta la pechuga de pato y haz una fina incisión a lo largo, en el centro del grosor de la pechuga, teniendo cuidado de no perforar el extremo.
Introduce el queso en la pechuga de pato. Yo lo corté muy ligeramente «puntiagudo» para facilitar la inserción 😉
Pon la mitad de la sal en un recipiente de tamaño adecuado. Coloca encima el pato y cúbrelo con el resto de la sal.
Deja reposar 12 horas en el frigorífico.
Quita la sal a la pechuga de pato y pásala rápidamente por agua corriente fría. Sécala bien.
Reboza el pato con los pimientos finamente picados por todos los lados, procurando que el pimiento se adhiera bien a la superficie.
Envuélvelo en un paño de cocina limpio (lavado sin detergente) y colócalo en la parte más seca del frigorífico durante 3 semanas, dándole la vuelta de vez en cuando y asegurándote de cambiar el paño si se humedece.
Deja secar durante al menos tres semanas (más si te gusta más seco).
Pruébalo en rodajas muy finas.
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